Retrato Hablado de CarlitosDe pequeña tuve un muñeco de tela, regalo de una tía, al que quise mucho. Desde el principio y con todo cariño, lo nombré
Carlitos.
Carlitos era un vaquero pelirrojo, de cara redonda, ojos azules, dos redondos
chapetes y una gran sonrisa, vestía una camisa roja a cuadros, pantalón café y un sombrero que con el tiempo se perdió, por lo que su cabello rojo, el cual tenía como melena quedó al descubierto.
Por su cabello mi hermana llegó a confundirlo con
Chucky, pero mi
Carlitos nada tenía que ver con aquél personaje malvado, sino que era buen hijo, hermano, alumno y compañero de clase, durante mis tardes de juegos. Incluso le leía cuentos y llegó a velar mi sueño, aunque luego terminara en el suelo.
Como era un muñeco de tela, era sencillo lavarlo con jabón en una cubeta, y después colgarlo a que se escurriera sin ningún problema; pero una ocasión en la que íbamos a lavar varios muñecos, mi mamá nos sugirió a mi hermana y a mí que los
metiéramos a la lavadora para que fuera más sencilla esa tarea, a lo que accedimos gustosamente, sin saber lo que después ocurriría.
Una vez que la lavadora terminó de exprimir, nos llevamos la sorpresa de que los muñecos estaban desbaratados.
Carlitos terminó con la cabeza por un lado, el cuerpo por otro lado y su pito por otro lado.
Tratamos de rearmar los muñecos, colocando todo en su lugar, pero
Carlitos jamás volvió a ser el mismo.
Carlitos, un bonito recuerdo de la infancia.